La transformación de China: entrevista con Georgina Higueras

 

Sergio Martín.- Iberchina

Georgina Higueras, periodista con una larga experiencia, especializada en temas asiáticos y en particular de China, ha publicado un espléndido libro sobre China, “En busca de mi hermana china”. Bajo una forma novelada, la autora nos ofrece un relato sobre la evolución de China en las últimas décadas. “En busca de mi hermana china” es un equivalente en español, con el mayor de los merecimientos, de “Cisnes salvajes”, el ya clásico libro sobre China de Jung Chang. En esta entrevista con Iberchina, Georgina Higueras nos habla de su libro. 


- ¿Cómo surgió la novela? ¿Cuál ha sido su objetivo al escribirla?

Quería escribir sobre la transformación de China y el impacto de los cambios en la sociedad, pero Carmen Fernández de Blas, la directora de la editorial me sugirió que le diese forma de novela, de manera que la lectura fuese más ágil, más fácil y pudiese llegar a más lectores. China, su historia, su tradición, su cultura y en especial sus gentes son la esencia de la trama.

- Usted, como la protagonista de la novela, vivió en China a fines de los años setenta y principios de los ochenta. ¿Qué es lo que más recuerda de aquella época, lo que más le impactó de aquella China?

Era una China que despertaba de una pesadilla y se asomaba cautelosa, pero con una enorme curiosidad, a la ventana que comenzaba a abrirse al mundo. Mis compañeros de universidad tenían ansias de conocer qué había más allá de la Gran Muralla, de saber qué pensábamos nosotros, los extranjeros, cómo veíamos el mundo. Les interesaban nuestras “rarezas”, nuestra forma de vivir.

Creo que lo que más me sorprendió fue su candidez. El dinero aún no había aparecido en sus vidas y, pese a las dificultades y el horror que muchos habían sufrido, se empeñaban en sus estudios y en prepararse para el futuro, aunque ninguno se imaginaba ni por lo más remoto que el país se iba a convertir muy pronto en la segunda potencia económica del mundo.  

- La novela da la impresión de que tiene mucho de recuerdos personales. ¿Hasta qué punto el libro es una obra de ficción o un relato de sus experiencias?

Más de tres décadas de periodismo sobre mis espaldas pesan mucho y si le sumas la riqueza de mis experiencias en China, comprendes lo difícil que ha sido levantar los pies del suelo. Podríamos decir que he tratado de novelar lo que viví y que tanto la heroína española como la china son mitad ficción mitad realidad.


-¿Ha cambiado mucho China desde fines de los años setenta hasta nuestros días?

Lo que ha sucedido en China en estos 40 años no tiene parangón en la historia y es consecuencia directa de la sacudida que supuso el maoísmo. Como un péndulo, la sociedad ha oscilado balanceado de un lado a otro del espectro político, lo que ha generado una enorme mejora económica, pero también un cierto desequilibrio y una pérdida de los valores tradicionales en que se cimenta la civilización china.

- Algunos de los personajes de la novela se muestran muy críticos con la realidad de la China actual: el culto al dinero, la falta de solidaridad social, la corrupción… ¿Se ha notado efectivamente un cambio significativo en este sentido en las últimas décadas?

Sin duda. La cohesión social, la armonía, el respeto, la benevolencia forman parte de las enseñanzas de Confucio y son el armazón de la filosofía china. El “enriquecerse es bueno” que alentó Deng Xiaoping para impulsar el crecimiento de la economía profundizó el desmantelamiento iniciado por Mao Zedong de esos principios, que buscaban un hombre nuevo, limpio de todas las enseñanzas tradicionales. La consecuencia de estos bandazos es una cierta desestructuración de la sociedad, que genera mucha inquietud entre los mayores. De ahí, que el Gobierno trate ahora de recuperar esas enseñanzas para estabilizar la sociedad.

- También algún personaje critica la situación actual de la mujer. ¿Qué opina al respecto?

No se puede negar que Mao fue el gran impulsor de la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer. No solo reconoció que “la mujer sostiene la mitad del cielo”, sino que desde el principio promovió una reforma legal encaminada a empoderar a la mujer. En las últimas décadas, al calor del dinero, han resurgido en China no solo alguna de sus peores lacras -como la prostitución a gran escala y el rapto y la venta de niñas- sino claras actitudes machistas que dificultan el trabajo de las mujeres y su ascenso en la vida laboral. Además, se ha reducido su presencia en las altas esferas del Partido Comunista Chino, del Ejecutivo y de los gobiernos provinciales.   

- ¿Cuáles son en su opinión las principales diferencias culturales entre China y los países occidentales, como por ejemplo España?

El individualismo y los conceptos occidentales de libertad y de pluralismo político son las mayores diferencias con las culturas orientales.

- ¿Tendrá China en el futuro un régimen democrático?

No lo creo, tal vez perfeccione su sistema meritocrático con algunas pinceladas democráticas, pero me cuesta pensar que vaya a celebrar elecciones libres multipartidistas. A día de hoy, es algo absolutamente ajeno a la inmensa mayoría de la población.

- En los últimos tiempos se debate mucho sobre el papel de China en el mundo. ¿Cómo lo ve usted? ¿Debemos ver a China como una amenaza o como una fuente de oportunidades?

Para mí, indudablemente, China es una fuente de oportunidades. Nos obligará a ponernos las pilas, pero eso es positivo. China no ha tenido nunca ambiciones territoriales, lo que de cara a que se convierta en una potencia hegemónica nos confiere una cierta tranquilidad. En comparación con otros dominios, China es, según el historiador británico Hugh Thomas,  el “imperio benevolente”.

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