El imperio chino y la Nueva Ruta de la Seda

Jesús Castillo Abascal


"Square", Óleo de Yin Zhao Yang"

"La palabra “Imperio” suele suscitar en nosotros la imagen de un Estado que, a través de grandes conquistas, ha reunido bajo una misma dominación a diversos  pueblos. Esta idea se aplica mal a China donde la gran diversidad  de poblaciones y territorios que la integran es el resultado no tanto de conquistas sino de fenómenos de asimilaciones lentas pero progresivas impulsadas por las relaciones comerciales, intercambios culturales, matrimonios mixtos, dando lugar a la formación del país que  hoy conocemos como China".

(Jacques Gernet)

 

La estructura imperial aparece en China a comienzos de la dinastía Qin allá por el siglo III A.C., cuando el orden político fundado en los privilegios y  derechos de una clase noble y aristocrática  cedió el paso a  un modelo de un Estado en el que el poder se concentró en manos del Emperador, que personifica  la cúspide del poder y del orden, apoyado en una Administración  gestionada por funcionarios designados y retribuidos.

Esta nueva estructura se modeló paulatinamente en torno a dos  grandes estamentos sociales.

El superior, integrado por la clase dominante, muy jerarquizada y cimentada en la  repartición de privilegios y vínculos familiares; y el inferior que aglutinaba a las poblaciones dominadas y sometidas cuyas costumbres, lengua y prácticas religiosas, en algunos casos, eran bien distintas.

Desde el comienzo de la primera dinastía, la pauta para ejercer la dominación y control de los estamentos inferiores, consistía  en dejar a las poblaciones sumisas vivir con un cierto margen de autonomía. Estas poblaciones eran libres de conservar sus diferencias a condición de guardar siempre la sumisión al poder central y rendir tributo al  Emperador. El poder central, controlaba  siempre sus actividades para que ningún grupo social, bien por su ideología, su etnia o su religión  tomara una posición preponderante con relación a las demás.

Es así como, a lo largo de su historia, China  ha conocido notables momentos de gloria y de paz durante más de cien, doscientos o trescientos años gracias principalmente a la capacidad demostrada para dominar el espacio y el  orden social. El fundamento de esta estrategia ha sido el ejercicio de la dominación, del control y de la autoridad sobre las poblaciones integrantes, muy frecuentemente de modo sutil y apenas apreciable o disfrazado en forma de tutelaje.  Algo parecido a lo que conocemos en Occidente como “vasallaje”.

El  “Imperio del Centro”, en muchos momentos de su historia, ha llegado a extender este modelo de tutela también en el exterior en territorios vecinos (Vietnam, Malasia, Japón, Tíbet, Corea…), incluso también  en territorios del centro de Asia como en la antigua Bactria (Nordeste de Afganistán),  siguiendo la misma estrategia desplegada en el interior, es decir ofreciendo ventajas y beneficios materiales  a cambio de sumisión y dependencia.

La Iniciativa  de la Nueva Ruta de la Seda, conocida por sus siglas en Inglés BRI (Belt and Road Initiative ) nos retrotrae a los proyectos  de los emperadores de  la esplendorosa dinastía Tang allá por los siglos VII y VIII  de nuestra era que expandieron los grandes rutas comerciales , tanto por  tierra como por mar con el fin de extender sus redes de vasallaje, recaudar tributos, e incorporar nuevos recursos materiales y nuevos conocimientos  a su Imperio.

En resumen, la nueva ruta de la seda, bien podría ser una estrategia de dominación desplegada por el antiguo imperio chino  pero adaptada al contexto actual, el de un mundo globalizado con la aportación de los nuevos avances tecnológicos que potencian y favorecen su implementación.

Aunque el discurso oficial de la  Iniciativa pretende  convencer de que se trata de  un proyecto de desarrollo sostenible del cual se deben beneficiar  todos sus destinatarios mediante desarrollo de infraestructuras a gran escala que permitirán la integración de recursos, productos y conocimientos que generen por igual expectativas de riqueza y progreso, sin embargo no deja de ser un instrumento al servicio de la estrategia de consolidación de China como actor global y decisivo en todos los ámbitos.

¿Por qué China se embarca ahora en este ambicioso proyecto?

En mi opinión porque necesita responder a tres  grandes retos  de futuro:

En el aspecto político, cabe recordar que el año  2049 culmina  un ciclo histórico que se abrió con la fundación de la R.P. de China en 1949. Esta fecha, cargada de simbolismo histórico y colectivo  coincidiría  con la consolidación de China como potencia dominante.

No en vano el presidente Xi JinPing se refiere frecuentemente al “Sueño y Renacimiento de la Nación China” 中华民族伟大复兴的中国梦, con el  resurgimiento y esplendor de una nación  para lo que no se va a escatimar ningún esfuerzo ni recursos  tanto económicos, diplomáticos, estratégicos, financieros, culturales, militares, medios informativos etc.

El factor económico. China pretende relanzar un nuevo plan económico parecido al que ya puso en práctica después de la crisis de 2008, con el objetivo de mantener una tasa de crecimiento anual estabilizada en torno al  6,5 %  para lo que necesita dar salida a todos los excedentes chinos de bienes de equipos y productos intermedios y apoyar a sus grandes corporaciones estatales, de momento altamente subvencionadas, como grandes corporaciones o  grupos  de  nivel internacional.

Paralelamente, necesita expandir  la utilización de su moneda Yuan/RMB a nivel internacional y su  uso generalizado en todas sus las transacciones comerciales de una manera directa sin tener que pasar por el dólar para lograr una  ventaja competitiva para sus  empresas y en particular también a las grandes empresas de venta por Internet, las cuales ya han comenzado a  establecer su red de infraestructura por toda la zona.

Aunque se habla poco en los medios, el factor demográfico también es  importante pues el despliegue de la Nueva Ruta de la Seda exigirá un traslado o desplazamiento de población hacia el oeste de China y centro de Asia respondiendo así a la a demanda de diez millones de puestos de trabajo que el país necesita anualmente.

Un tercer factor determinante, es el estratégico y de seguridad, a través de la inversión en infraestructuras y promoción de intercambio económico se promueve la estabilidad económica, la integración de poblaciones y la expectativa de desarrollo al tiempo que se alejan los riesgos de extremismo y conflictos sociales.

Simultáneamente  se asegurará también los suministros energéticos vitales en un país con fuerte demanda energética y sujeta a los riesgos derivados en la inestabilidad y litigios en los mares del Sudeste asiático.

Por último, entiendo que también es importante la Iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda ya que  es  compatible y coherente con la estrategia de dominación histórica de China consistente en utilizar sus inversiones y recursos para construir  los lazos de amistad y cooperación pero también como dominación y vasallaje. No me refiero a la construcción de “lazos de amistad” en países vecinos como Mongolia, Malasia, Laos, Myanmar, Sri Lanka, Paquistán, Vietnam, sino incluso en países de América del Sur y África. También en Europa con el claro ejemplo del veto de  Grecia (que se ha beneficiado de grandes inversiones chinas) al informe de la UE sobre los derechos humanos en China.

Como bien es sabido, las decisiones en China siempre están tomadas a medio y largo plazo y por tanto la BRI tiene todavía muchas facetas o niveles por desarrollar y como el juego del ajedrez chino, (围棋), hay que estar atento a otros movimientos en otras zonas del tablero.

En este contexto la situación de la península de Corea, las reivindicaciones  territoriales en el Sudeste de China  muy en particular el devenir de Taiwan, serán factores determinantes.

De momento hay que tener presente que para el  Presidente Xi Jinping  y para el Partido Comunista  la reunificación de Taiwan es un objetivo irrenunciable y 2049 quizá sea la fecha más simbólica para culminar la realización del gran sueño.

A la vez, China emergerá como una potencia económica y estratégica en la región, resurgiendo así en un lugar del mundo que China piensa le corresponde en un nuevo orden, creando una hegemonía como “País del Centro”.  Recobrando  su sueño y su lugar que tuvo en momentos de su gran imperio.

 

Jesús Castillo Abascal estudió chino en la Universidad de Ginebra y en la Universidad de Lengua y Cultura de Pekín. Observador de la realidad china, es un profesional con una larga experiencia en el país donde ha vivido durante más de 30 años.

En la foto, el autor, en Kashgar, parada obligada en la Ruta de la Seda

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