Occidente frente a China en la Olimpiada

Marcelo Muñoz, decano de los empresarios españoles en China, y autor del libro "El enigma chino. Treinta años de observador", reflexiona acerca de los recientes juegos olímpicos de Beijing y las críticas contra China que tanto han proliferado en los medios de comunicación occidentales en los últimos meses.

 

Marcelo Muñoz

 

El artículo de Pablo Rovetta sobre una cierta sinofobia manifestada en la  información mediática sobre la Olimpíada  me ha animado a continuar su reflexión.

Desde que estoy en contacto con la transformación de la sociedad china a lo largo de los últimos 30 años,  he seguido siempre con interés  su repercusión en los medios españoles: casi nula durante muchos años, muy escasa siempre, salvo en catástrofes naturales, y nunca proporcionada a los enormes cambios que se han venido produciendo en esa parte del mundo.

La celebración de los JJ.OO. ha roto esa inercia y, durante meses, y mucho más en las semanas previas y siguientes a la Olimpíada, China ha irrumpido en nuestros medios, casi siempre con los aspectos más negativos de su realidad, con la denuncia de sus problemas y deficiencias, exigiendo, con todo derecho, desde el Occidente rico y demócrata,  que el gigante chino  corrija sus errores.

Curiosamente esta campaña empezó  con la candidatura para 2000,  perdida por sólo dos votos y tras una serie de maniobras. Y se recrudeció, desde 2001, con la candidatura de 2008 y, progresivamente, conforme se acercaba la fecha de la celebración. El propio Samaranch afirma que “los lobbies iniciaron una campaña de desgaste que se extendería durante los siete años de trabajos preparatorios y que no culminaría hasta que el fuego olímpico se apagó en el “nido de pájaro”...” (ver La Vanguardia 04-09-08)

Pero, contrariamente, ha empezado a perfilarse una crítica más matizada, mejor informada, más certera, basada en datos y análisis hasta ahora poco conocidos y no reconocidos. Una nueva forma de abordar el fenómeno China, desde el impacto positivo que ha tenido la forma de organizar, realizar y presentar al mundo la Olimpiada.

 

Occidente enjuicia a China

Desde Occidente condenamos a China por la ausencia de un régimen democrático y de respeto a los derechos humanos. Y ello ha llevado, no sólo a una campaña mediática continua, sino  a exigir el boicot a los Juegos,  el boicot al recorrido de la antorcha olímpica, la exigencia al COI de condenar a China, la incitación a manifestaciones de contenido político  durante la celebración de la Olimpíada...así como a denunciar la falta de libertad en Tíbet, el alto nivel de contaminación que ponía en riesgo la salud de los atletas,  las desigualdades sociales y regionales,  los bajos salarios.... ¡Como si se negase a China todo derecho a ser anfitriona de unos Juegos Olímpicos!

Hemos condenado a China, desde el ejercicio de nuestra libertad de expresión,  con todo derecho, y con todo nuestro convencimiento democrático, aunque no siempre con conocimiento de la realidad, ni siempre con equidad.

A través de la información vertida en los medios se ha manifestado un gran desconocimiento de la realidad china. Un exponente  llamativo ha sido la crónica de TVE, nuestra televisión oficial, de la ceremonia de inauguración: llamar a la obra básica de Confucio, el fundamento filosófico de la civilización china, “anacletas”, reiteradamente y sin rectificación en lugar de “Analecta” es como un chiste de pésimo gusto cultural.

Ni en nuestro bachillerato ni en la Universidad hemos conocido  la civilización china. ¡Pero perder esa ocasión única para habernos explicado, con todo lujo de detalles, la maravillosa alegoría de la civilización china a lo largo de los siglos, plasmada en esa fantástica coreografía de la ceremonia de inauguración...! Con que se hubieran leído los presentadores  un solo libro sobre China...


China se “defiende” de Occidente

He recibido, durante estos meses, comentarios de mis amigos chinos, de distintas tendencias,  y  me han transmitido también reacciones de los medios chinos, de los cientos  de miles de páginas web y blogs, de las expresiones espontáneas de mucha gente:

 “¿Por qué tenéis tanto empeño en Occidente en “aguarnos la fiesta”, como decís vosotros? (algunos de mis amigos hablan muy bien español)? Porque la Olimpíada es una fiesta deportiva universal, pero es también nuestra fiesta, la ocasión de exhibir al mundo nuestra imagen moderna. ¿Por qué la aprovecháis  para sacar nuestros trapos sucios, nuestros problemas, nuestros defectos o errores y, además, solo hablais de  ellos más que de nuestros logros y nuestro desarrollo?”

Ellos consideran que, en cierto modo, Occidente ataca de forma especial a China, pues no pone el mismo fervor condenatorio frente a tantos países no democráticos. Aunque entienden nuestro punto de vista, piensan que no tenemos en cuenta que China es un país inmenso, como si quisiéramos organizar en un mismo Estado democrático a toda la población africana y latinoamericana juntas, ni tenemos en cuenta que China pertenece a una civilización distinta.

Consideran, desde su punto de vista, que Occidente se ha subido al “podio de su superioridad”, como civilización que ha dominado al mundo durante 500 años, olvidando que, en ese tiempo, ha conculcado derechos humanos de pueblos, etnias, razas y países; olvidando que potencias occidentales invadieron China para sojuzgar su civilización, para imponer el derecho al narcotráfico con las guerras del opio, por medio  de tratados que en derecho internacional se han declarado “injustos”, y eso hasta su expulsión a mediados del siglo XX; y todavía, hasta 1997, uno de sus representantes más “demócratas” negaba los derechos humanos, con un régimen colonial, a la población china de Hong Kong.

Mis interlocutores chinos reclaman más humildad y menos arrogancia a Occidente, que todavía alienta, según ellos, guerras de dominio en diversas partes del mundo. Y creen que sólo en pie de igualdad, podrán nuestras dos civilizaciones entenderse, en sus diferencias, y quizá converger en una serie de valores comunes.


Occidente “descubre” a China

Ya antes de las olimpíada, y mucho más durante su celebración  y en las semanas posteriores han aparecido signos de aproximación en determinados medios españoles: entrevistas radiofónicas, reportajes, artículos monográficos o de opinión, crónicas de corresponsales....con una información crítica, pero matizada con datos, informaciones y análisis más ponderados. A nuestro juicio, destaca en esta línea, de forma continuada, La Vanguardia, pero otros muchos medios se suman a esta aproximación. Recogemos algunos de los argumentos y datos más reiterados:

China no ha instaurado aún un régimen de libertades, pero es la zona del mundo donde, quizá, en estos últimos 30 años, más se ha avanzado en  reformas política, no  concluidas, que según sus mentores han de continuar en las formas y en el tiempo que la misma sociedad china vaya determinando, sin ingerencias externas, como le dijo el presidente Hu a Bush. Miles de leyes que tocan los derechos civiles se han promulgado, sobre todo desde 2001, año de la candidatura olímpica. Y muchos de los derechos humanos defendidos en la carta de Naciones Unidas se han visto, progresivamente, más respetados, aunque no todos.

China no es sólo un país, sino todo un mundo, una historia, una civilización, muy adelantada a Occidente durante siglos, como magistralmente se expresó en las alegorías de la inauguración. Hoy es casi la cuarta parte de la humanidad, con un  desarrollo económico, social, político, tecnológico y cultural como no se ha dado en ninguna otra parte del mundo, en tan corto tiempo y en una población tan inmensa, ni antes en la Historia. Como consecuencia, es ya  la tercera economía mundial, con un peso real en la globalización.

China es un Estado plurinacional y multiétnico, en el que conviven 56 etnias, de cultura mayoritaria confuciano-taoísta, y minorías religiosas, budistas, musulmanas, cristianas...Con diversos problemas territoriales, entre los que se ha destacado el del Tíbet, quizá agigantado por diversas agencias y grupos vinculados a posiciones neoconservadoras,  por la acción policial contra la violencia callejera y  la represión de la oposición. La comunidad internacional y la ONU reconocen el territorio como parte de China, y la solución no pueda estar  ni en la limpieza étnica, ni en la vuelta a un régimen teocrático, sino en el diálogo y la integración en una mayor autonomía, con el concurso de todos los ciudadanos actuales del Tíbet.

La degradación medioambiental ha sido también ampliamente debatida, como un grave `problema. Las informaciones más ponderadas valoraron el índice  de contaminación en un nivel similar a la de la ciudad de Nueva York, antes de comenzar la Olimpíada, y  un cielo realmente limpio durante su celebración, por las extraordinarias medidas tomadas.

Estos datos y otros similares han ido aflorando en nuestros medios, aunque no tan reiterados ni enfatizados como los negativos.


China y Occidente se encuentran


Puede decirse que esta Olimpíada ha sido la primera realmente global, con un impacto mediático de casi 5.000  millones de televidentes (900 de ellos en China), y ha sido una ocasión para “descubrir” a China y para que China se inserte más en el mundo. Expresado en frase retórica, alguien ha dicho que con esta Olimpíada se ha inaugurado realmente el siglo XXI, en la medida en que a lo largo de este siglo cada día más China será un agente global efectivo en todas las dimensiones de la vida humana, incluida su aportación como civilización diferenciada.

Occidente, al final, sustituyó, no sin dificultad, el muy discutible boicot por el diálogo,  que deberá continuar de múltiples formas.. Diálogo que no será fácil en la medida en que Occidente pierde su hegemonía mundial de cinco siglos  y China aún no ha definido cómo será su perfil hegemónico, desde su pretendida armonía confuciana. Su confluencia o competencia  con Occidente deberá articularse a través de los organismos multilaterales y de las alianzas que va estableciendo en Asia, Africa y Latinoamérica, zonas en las que su modelo de desarrollo está suscitando progresivo interés y atractivo, y en las que la Olimpíada
ha tenido un impacto muy positivo.

Si con la brillante inauguración de la Olimpíada de verdad se “inauguró” el siglo XXI, se comprobará en los próximos decenios, en la medida en que ese diálogo entre civilización occidental y civilización china y con el resto del mundo pueda discurrir por cauces de entendimiento y “armonía”. Sería el mejor resultado de unos JJ.OO. en los que el desencuentro inicial pudo convertirse en diálogo.

 

 

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