Cuatro décadas de reforma en China


Shanghai

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Enrique Fanjul (*)

En diciembre de 2018 se cumplen cuatro décadas del proceso de reforma y apertura al exterior de China. Se considera que fue en una reunión del Comité Central del Partido Comunista Chino, celebrada en diciembre de 1978, cuando se aprobó formalmente la decisión de abordar una nueva etapa en la orientación de la política económica.

Esta etapa ha supuesto para China protagonizar la mayor revolución económica de la historia de la humanidad, en el sentido de que nunca en el  mundo un colectivo tan grande de población había experimentado una progresión tan intensa de sus condiciones económicas y materiales de vida en un período de tiempo tan corto.

El objeto de este artículo es repasar, de forma resumida, el proceso de reforma: cuáles fueron sus causas y orígenes, cómo se desarrolló, cuáles han sido sus consecuencias, y cuáles son sus perspectivas futuras (1).

¿Por qué surgió la reforma?

A la muerte de Mao Tse-tung, en 1976, regresó a un primer plano de la política china la contradicción entre las dos grandes líneas del Partido Comunista, la pragmática y la izquierdista, que había marcado la evolución de China desde fines de los años 50. La línea izquierdista, heredera del radicalismo maoísta, se polarizó en torno a la llamada "banda de los cuatro". La línea pragmática del Partido agrupaba una mayoría de sus militantes, con unos denominadores comunes que actuaron como factores de cohesión en esos primeros momentos del post-maoísmo: la oposición a la "banda de los cuatro", el rechazo a lo que había significado la Revolución Cultural y las campañas políticas del maoísmo, y el deseo de que las cuestiones económicas fueran abordadas con prioridad.

Tras la muerte de Mao, Deng Xiaoping, una de las figuras más destacadas de la República Popular, y que se había alineado históricamente con la línea pragmática, se convierte en el hombre fuerte de China, en su líder supremo. La reforma está íntimamente asociada a la figura de Deng, y así permanecerá en la Historia.

La China de fines de los años setenta es un país relativamente importante en la escena internacional. En primer lugar, por el tamaño de su población. En segundo lugar, China es uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Es también uno de los pocos países del mundo que cuenta con bombas atómicas.

Sin embargo, China es un país pobre. La política económica maoísta había minusvalorado el bienestar de la población. Mao, con su excesiva valoración de la conciencia revolucionaria de las masas, obligó a éstas a grandes sacrificios. Durante sus primeras tres décadas de existencia, la República Popular China registró un crecimiento económico apreciable (un 6,1% de media anual entre 1953 y 1978), pero las industrias de bienes de consumo fueron sacrificadas en favor de la industria pesada y la defensa nacional.

Con la nueva era de la reforma Deng imprime un cambio a las prioridades del país. Con Mao la política había sido el factor dominante. Mao considerada la lucha de clases como el problema fundamental, y la restauración de capitalismo como una de las principales amenazas que enfrentaba China. Con Deng, la economía pasa a un lugar prioritario. El objetivo fundamental pasa a ser la modernización, el crecimiento económico, aumentar el nivel de vida de la población, sometida durante muchas décadas a guerras, conflictos, atraso económico.


Deng Xiaoping

La política de la reforma no fue, por lo tanto, algo enteramente nuevo, sin un vínculo con la evolución anterior de China, sino un desarrollo de la línea pragmática del Partido Comunista. Inicialmente pudo ser una concepción minoritaria de Deng Xiaoping y el grupo más próximo de sus seguidores. Pero al cabo de un tiempo, y con la facción izquierdista destruida, la política de reforma terminó siendo abrazada por una inmensa mayoría del Partido.

Las dos grandes líneas de desarrollo de la reforma

La nueva política de reforma se estructura en torno a dos grandes ejes: la liberalización del sistema económico, con una paulatina extensión del papel de las fuerzas del mercado, y la apertura al exterior.

Durante las dos décadas anteriores se habían puesto de relieve en el mundo, de forma cada vez más clara, las limitaciones de las economías socialistas. En relación con Europa del Este, ya desde los primeros años sesenta se estaba tomando conciencia de los graves problemas económicos que afectaban a los sistemas socialistas y se especulaba sobre posibles reformas para mejorarlos. En su contexto geográfico más próximo, China tenía en el despegue de economías como Singapur, Hong Kong, Corea del Sur, Japón y Taiwán una demostración de la superioridad económica de las economías de mercado. La experiencia internacional era abrumadoramente favorable hacia los sistemas económicos en los que las fuerzas de mercado tienen un papel preponderante.

Deng y los reformistas comprendieron que el nivel económico y tecnológico más avanzado se encontraba en los países del mundo capitalista industrializado. Si China quería acceder a la tecnología moderna, si quería modernizarse, tenía que abrirse y relacionarse económicamente con estos países.

Conciencia del atraso económico, necesidad de abrirse al mundo exterior, ventajas de las fuerzas de mercado: estos tres componentes configuran una interpretación de la realidad que explica la evolución de la línea pragmática del Partido Comunista y su asunción de la nueva orientación que se va a plasmar en la política de reforma y apertura al exterior.

La agricultura fue el primer sector en el que se abordó la reforma: en un plazo de tiempo muy breve, las comunas fueron desmanteladas y se restableció un sistema de explotación familiar de la tierra que, en la práctica, era parecido a la propiedad privada. Se aumentó notablemente el grado de autonomía de las empresas mediante el denominado “sistema de responsabilidad por contratos”. Se permitió y favoreció la propiedad privada y se liberalizaron los precios.

Con la reforma se puso en marcha un proceso de transición de una economía socialista a una economía de mercado. Ahora bien, era una transición no declarada o anunciada. Los dirigentes chinos no tenían un esquema definido de cómo iba a ser el proceso de la reforma y de cuál era el sistema al que querían llegar. No había una hoja de ruta, un “mapa” que los reformistas chinos pudieran seguir: en el mundo había entonces una amplia experiencia de transiciones de economías capitalistas a economías socialistas, pero no había experiencias de transiciones de economías socialistas a capitalistas.

En su pragmatismo, los reformistas chinos probablemente no fueron conscientes de que la propia dinámica de la reforma los llevaría a una economía que cada vez era más difícil catalogar como socialista, y que hoy en día es más parecida a una economía de mercado, “capitalista”, que a una economía socialista. En la actualidad una parte mayoritaria de la producción del país se genera en condiciones de propiedad privada. Igualmente una parte mayoritaria se comercializa a precios de mercado. No se puede calificar a la economía china de socialista -aunque las autoridades sigan ejerciendo una fuerte intervención sobre ella.

Un rasgo clave del modelo chino ha sido el recurso a la experimentación previa de las reformas. Ha sido normal que una medida fuera experimentada, bien en una zona geográfica específica, bien en un sector o incluso en algunas empresas individuales. Esta experimentación servía para comprobar su efectividad y para corregir los errores que se detecten. Más tarde, una vez confirmada su utilidad y debidamente corregida, la medida era extendida al resto del sistema económico. Las Zonas Económicas Especiales, por poner un ejemplo destacado, sirvieron a principios de los años ochenta para experimentar con inversiones extranjeras. Al principio fueron sólo cuatro; posteriormente el sistema de zonas especiales para inversión se extendió prácticamente por toda China.

El segundo de los dos ejes básicos de la política de reforma ha sido la apertura al exterior. China comprendió y asumió que para modernizarse y crecer económicamente necesitaba tecnología avanzada, métodos de gestión e inversiones del exterior. Se puso así en marcha un proceso que representaba una ruptura con la tendencia al aislamiento que China había seguido durante las décadas anteriores.

A principios de los años setenta el balance histórico que podía hacerse de las relaciones de China con el mundo exterior no era alentador. Durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX, la historia de China había estado marcada por las agresiones y las lesiones a su soberanía. Tras la implantación de la República Popular, China emprendió un proceso de repliegue sobre sí misma. Desde un punto de vista económico, con el maoísmo se implantó poco a poco un modelo de desarrollo autárquico. El comercio exterior era considerado como una actividad residual. El aislamiento del exterior llegó a sus máximas cotas en la época de la Revolución Cultural.

Con la política de reforma, como hemos indicado, la máxima prioridad pasó a ser el crecimiento económico, y la actitud de China hacia el mundo exterior experimentó con ello un cambio radical. Había que dirigirse al exterior, y en especial al mundo capitalista industrializado para adquirir tecnología avanzada. Se abrió la puerta a las inversiones extranjeras, que han contribuido tanto a la capitalización de la economía como a la introducción de nuevos métodos de gestión empresarial.

Con el paso del tiempo China se ha convertido su vez en un importante inversor en el exterior. Inicialmente las empresas chinas invertían principalmente con la finalidad de asegurarse el suministro de materias primas. Posteriormente las empresas chinas han invertido con el fin de acceder a nuevos mercados, adquirir tecnologías avanzadas y activos estratégicos -algo que ha empezado a generar un creciente recelo en numerosos países del mundo.

De ser un país muy cerrado, China ha pasado a tener un grado de apertura exterior relativamente elevado. China es en la actualidad el primer exportador del mundo, y el segundo importador.


La expansión del comercio exterior
Fuente: Bert Hofman, “Reflections on Forty Years of China’s Reforms”, 2018

La transformación de China

La transformación económica desencadenada por la política de reforma ha provocado la aparición de una nueva China. Su primera característica, y que constituye el resultado más positivo de la reforma, ha sido el crecimiento económico y la modernización. China ha crecido a una tasa media anual de cerca del 10% durante las cuatro décadas de reforma. China ya he es la primera o la segunda economía del mundo, según las estimaciones que se empleen. La mejora del nivel de vida ha sido espectacular. En estas tres décadas la renta per cápita real ha crecido a una tasa media de casi el 8% cada año.

En contraste con los tiempos de Mao, el crecimiento económico de la era de la reforma ha repercutido directamente en el bienestar de la población, experimentándose un gran auge de la producción de bienes de consumo y una espectacular mejora en general del nivel de vida de la población.

El crecimiento económico de la era de la reforma se ha debido, en mucha mayor proporción que antes, a una mayor eficiencia en la utilización de los recursos productivos. Se ha calculado que en los años 60 y primeros 70 el crecimiento se debió, en más del 50%, al crecimiento del stock de capital de la economía, correspondiendo a la mejora de la productividad solamente un 15% del crecimiento. A partir de 1978, por el contrario, el aumento de la productividad ha sido el responsable de un 50% del crecimiento.


El crecimiento de la economía china
Fuente: Bert Hofman, “Reflections on Forty Years of China’s Reforms”, 2018

China ha logrado un gran crecimiento económico en los últimos 40 años, basado en una serie de factores que siguen presentes y continuarán favoreciendo el crecimiento en el futuro. Los pronósticos de organismos internacionales, consultoras, etc., apuntan a que China podrá mantener una tasa de crecimiento que, aunque no será tan alta como la de estos 40 años, seguirá siendo elevada (en torno a un 6-7% anual en los próximos años). Y dentro de no mucho tiempo se convertirá de forma indiscutible en la mayor economía del mundo.

La transformación estructural
Fuente: Bert Hofman, “Reflections on Forty Years of China’s Reforms”, 2018

Tiananmen: la crisis de la reforma

La reforma china tuvo su gran crisis en 1989, con los sucesos de Tiananmen que desembocaron en la masacre de principios de junio de ese año.

Los sucesos de la denominada “primavera de Pekín” comenzaron con manifestaciones de estudiantes en señal de duelo por la muerte de Hu Yaobang, un veterano dirigente comunista que tenía fama de relativamente liberal, unas manifestaciones que fueron creciendo en intensidad y las que se incorporó buena parte de la población de Pekín. A fines del mes de mayo, sin embargo, la mayor parte de la población pekinesa se retiró de las protestas. Prosiguió en la protesta un grupo de estudiantes, que se había ido radicalizando a lo largo del tiempo, hasta que la “primavera de Pekín” estalló, a principios de junio de 1989, en la masacre de Tiananmen y en la tragedia que tanto impacto provocó en el mundo.

Sobre las causas de las protestas y manifestaciones que estallaron en Pekín existen interpretaciones muy diversas. Para una cierta línea de interpretación, a la que me adscribo, detrás de las protestas que estallaron en 1989 se encontraba el descontento por los efectos indeseados causados por la reforma: inflación, corrupción, desequilibrios en la distribución de la renta, criminalidad, etc.

Los estudiantes no plantearon inicialmente una oposición frontal al sistema político. Sólo al final del proceso los grupos más radicalizados dirigieron sus críticas directamente contra el régimen comunista y pidieron su sustitución por un régimen democrático, con elecciones y partidos libres. La protesta de los estudiantes fue una explosión de descontento, compleja en sus orígenes y en su desarrollo, motivada fundamentalmente por el trasfondo de malestar que se había ido extendiendo por la sociedad china a consecuencia de los fenómenos negativos que la reforma trajo consigo.


El “pacto social” de Deng

La política de reforma lanzada a fines de los años 70 ha estado basada en una especie de “pacto social” con el pueblo chino. Este pacto tenía dos grandes componentes: por un lado, el pueblo chino se comprometía a aceptar el poder del Partido Comunista; como contrapartida, el Partido se comprometía a darle un mayor grado de libertades personales, por un lado, y de bienestar económico, por otro.

El pacto se ha cumplido. Ha habido una gran mejora en las libertades individuales de la población china. Se ha producido también una mejora espectacular en las condiciones materiales de vida de la población, gracias al intenso crecimiento económico.

Se ha dicho muchas veces que en China existe una gran contradicción por el hecho de que se ha llevado a cabo una amplia reforma económica mientras que el sistema político ha permanecido inmóvil. Esta idea requiere importantes matizaciones.

La reforma ha traído consigo una enorme ampliación del marco de libertades de la población china. En comparación con el totalitarismo de la época de Mao, el ciudadano chino, especialmente en las ciudades que más se han desarrollado económicamente, disfruta en la actualidad de un grado mucho mayor de libertades.

Resulta difícil vislumbrar, a corto y medio plazo, una alternativa al poder del Partido Comunista. China avanzará hacia una mejor situación de derechos humanos y libertades, y eventualmente, creo que avanzará hacia un régimen democrático. Pero lo que la va a empujar en esa dirección va a ser, sobre todo, el crecimiento económico y la integración con el exterior.

El papel de liderazgo social y moral ejercido por el Partido Comunista se ha erosionado sin duda con el paso del tiempo. Sin embargo, a pesar de esta erosión, del deterioro originado por la corrupción y el nepotismo, del vacío ideológico y de las incertidumbres sobre cómo evolucionará la política de reforma, resulta difícil imaginar un futuro de China en el que no tenga un papel determinante el Partido Comunista.

La legitimidad del Partido Comunista se sustenta fundamentalmente en dos factores. Uno de ellos se puede calificar como “histórico”: el Partido Comunista devolvió a China la unidad nacional, le permitió superar una larga crisis que se arrastraba desde mediados del siglo XIX, la transformó en una potencia respetada en la comunidad internacional y terminó con un largo período de agresiones exteriores. No existen además alternativas políticas de una cierta dimensión al Partido Comunista.

El segundo factor es más actual. Desde que se abordó la política de reforma, el Partido está liderando un gran proceso de transformación económica que ha proporcionado al pueblo una mejora espectacular en sus condiciones materiales de vida. El Partido Comunista es el partido de la reforma y la apertura al exterior, y por ello el partido del progreso económico. Para gran parte del pueblo chino, el Partido Comunista garantizar la estabilidad del país. En la memoria colectiva del pueblo están muy presentes todos los trastornos del pasado: guerra civil, guerra contra Japón, Revolución Cultural, persecuciones políticas arbitrarias, etc. Con el Partido Comunista en el poder China ha vivido en los últimos 40 años una etapa de crecimiento económico sin precedentes. Ha experimentado un gran progreso en el marco de libertades personales. Ha recuperado un papel de gran potencia internacional, tras un largo período anterior de decadencia.

Acomodar a una quinta parte de la población mundial en una senda de desarrollo pacífica y ordenada es algo que tiene un gigantesco valor para la estabilidad de la comunidad internacional.

En todo caso, es obvio que el caso chino representa una contradicción para las teorías que establecen una correlación entre nivel de desarrollo económico y el grado de democratización. Ello plantea cuestiones interesantes, que escapan al alcance de este artículo. ¿Existen varios conceptos de democracia? ¿Es compatible una sociedad con un alto nivel de vida con un sistema político autoritario?

Xi Jinping: una nueva etapa en la RP China

Con la llegada al poder de Xi Jinping puede decirse que la República Popular China ha entrado en una nueva etapa, la cuarta. en su evolución. Las tres anteriores etapas serían las siguientes:

  • Entre 1949, cuando se funda la República Popular, y 1966, cuando comienza la Revolución Cultural. Es una etapa en las que se sienta las bases del nuevo sistema político y económico del país, y en la que empiezan a aflorar contradicciones entre diferentes sectores del partido.
  • Entre 1966 y 1976: la etapa de la revolución cultural.
  • Tras un breve período que sirve para que Deng Xiaoping consolide su poder, en 1978 se inicia la tercera etapa, que es la de la reforma y la apertura al exterior, y la etapa más larga hasta ahora en la historia de la República Popular.     
  • La cuarta etapa se iniciaría en 2012 con la llegada al poder de Xi Jinping.


Xi Jinping

¿Por qué hablamos de una nueva etapa? Porque consideramos que con Xi se han producido cambios significativos en la evolución de China, que justifican el que se justifique hablar de una nueva etapa.

Fundamentalmente estos cambios serían los siguientes:

  1. Una nueva política exterior, más agresiva y asertiva que la que China venía manteniendo hasta entonces. Deng Xiaoping propugnó una política de perfil bajo, en la que China buscó evitar los conflictos exteriores. El objetivo central del país era el crecimiento económico y a él se debía supeditar los otros aspectos de su política.

    Xi Jinping ha impulsado una política mucho más asertiva. Ha situado en un primer plano las reivindicaciones territoriales chinas en el Mar del Sur de China. Desde muchos medios se ha acusado a China de querer extender su influencia en el mundo, a través de medios de comunicación, estudiantes, institutos Confucio, etc. China ha comenzado a establecer bases militares en otros países.

    En fin, un conjunto de acciones que en última instancia muestran a una China mucho más decidida que antes a ejercer una influencia en los asuntos de la comunidad internacional, una voluntad en la que se ha visto favorecida por la nueva política aislacionista de estados unidos con el presidente Trump.
     
  2. Una involución en la política interna. La tendencia a la liberalización que había caracterizado la evolución del sistema político en las décadas precedentes se ha visto interrumpida en la era de Xi Jinping. Se percibe un reforzamiento del autoritarismo político. La represión de la disidencia (que es ciertamente escasa) se ha intensificado.

    Por otra parte, se ha asistido a un retorno de ciertas prácticas que parecían haber quedado relegadas, como es el culto a la personalidad. La figura de Xi Jinping ha adquirido una relevancia que no tuvieron sus predecesores en el cargo durante la etapa de la reforma. Ha regresado el poder personalista, con una enorme concentración de poder en Xi Jinping, frente a la tendencia anterior hacia un ejercicio más colectivo del poder.

    Esta tendencia a un reforzamiento del autoritarismo político se manifiesta en otros aspectos de la política china. Por citar un ejemplo, habido un claro aumento del intervencionismo del gobierno chino en los asuntos de Hong Kong, cuestionando la autonomía que en teoría debería tener este territorio.
     
  3. En el campo económico también puede hablarse de una nueva etapa. Por un lado China está consolidando su cambio de modelo económico, pasando de un modelo basado en la exportación, la industria, la inversión, hacia un modelo basado en el consumo doméstico, los servicios, la innovación.

    En este aspecto es especialmente destacable el gran salto que ha dado China en tecnología, situándose como una potencia líder en el mundo. En digitalización, comercio electrónico, inteligencia artificial, etc., China ha asumido un papel de vanguardia, contradiciendo las teorías de los que señalaban que con un régimen político autoritario era imposible desarrollar un sistema potente de innovación.

    China se ha convertido ya en la primera o segunda potencia económica del mundo, según la estimación que empleemos. Y una vertiente de esta potencia económica es su proyección exterior. Uno de los rasgos de la nueva etapa es el auge que han experimentado las inversiones chinas en el exterior. Por otra parte la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda debe ser considerada tanto como una consecuencia del nuevo poder económico de China como de su voluntad de potenciar su proyección exterior en el mundo.

Conclusión

La China actual es el fruto directo de la decisión tomada por sus dirigentes hace 40 años, en 1978, de adoptar una política de reforma que ha girado en torno a dos grandes ejes: liberalización del sistema económico y apertura al exterior, con un objetivo prioritario y central que es la modernización y el desarrollo económico.

La perspectiva histórica mostrará probablemente que el fenómeno más importante del mundo de nuestros días es el ascenso de China. Gestionar ese ascenso, facilitar el acoplamiento de esta nueva China en el mundo ha sido y es uno de los grandes retos de la comunidad internacional. Muchos ven en la emergencia de una China crecientemente segura de sí misma una amenaza, económica y política. Acomodar a una quinta parte de la población mundial en una senda de desarrollo pacífica y ordenada es imprescindible para la estabilidad de la comunidad internacional.

Las preocupaciones y recelos sobre China han aumentado con fuerza en la nueva etapa de Xi Jinping. Es difícil hacer previsiones sobre cómo evolucionarán las cosas en el futuro. Pero hay que tener en cuenta dos cosas. En primer lugar, que está en el propio de interés de China, para mantener su senda de crecimiento y modernización, evitar los conflictos internacionales y buscar su inserción pacífica en la comunidad internacional.

En segundo lugar, hay que mirar a largo plazo. La etapa de Xi Jinping, con tendencias que han provocado temores justificados, es la cuarta etapa en la historia de la República Popular China. Y tras ella vendrá una quinta etapa…

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(*) Enrique Fanjul fue Consejero Comercial de la embajada de España en China y presidente del Comité Empresarial Hispano-Chino. Trabajó como director de Técnicas Reunidas Internacional. En la actualidad es Vicepresidente de Cátedra China y miembro del Consejo Científico del Real Instituto Elcxano.

(1) El presente texto entronca y retoma un artículo que publiqué en 2008, con el título de “30 años de reforma en China”, en el Real Instituto Elcano.

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